jueves, 20 de septiembre de 2012

Oración ante la Eucaristía, Jueves 20 de Septiembre


Fieles en la Oración ante el Santísimo 20-9-2012
La Comunidad cristiana de Valdepeñas de Jaén, ha celebrado la Oración de cada Jueves, en esta ocasión, contemplando la Cruz desde un texto del que será en breve proclamado como Doctor de la Iglesia Universal, San Juan de Ávila.
La Carta con la que hemos celebrado la Oración, fue escrita hacia 1532, dirigida a sus amigos y discípulos de Écija. En esta localidad había predicado con meditaciones sobre la pasión de Cristo, y había organizado colectas para los pobres. Toda esta actividad, no sólo provocó conversiones, sino que desencadenó también una fuerte persecución: las denuncias a la Inquisición que condujeron a su proceso y encarcelamiento. En la cárcel vivió una honda experiencia de configuración con Cristo. Desde ella están escritas estas líneas. La carta busca consolar y fortalecer en la fe a sus amigos y discípulos, a los que sin duda ha alcanzado de algún modo la persecución del Maestro. El texto nos ha permitido entrar en oración, desde la experiencia de la celda, desde una experiencia de cruz. Podemos hacerla desde nuestras propias celdas, prisiones y cruces, en el silencio de la soledad, pero en una soledad solidaria y abierta a los que, fuera -más allá de mi cárcel y mi cruz- sufren también bajo las muchas caras del dolor y del mal.
San Juan de Ávila
"Dinos, ¡oh amado Jesús!, por tu dulce cruz, ¿hubo algún día que aquesta ropa te desnudases, tomando descanso? […] ¡Oh, que no descansaste, porque nunca nos dejaste de amar, y esto te hacía siempre padecer! Y cuando te desnudaron la ropa de fuera, te cortaron en la cruz, como encima de mesa, otra ropa bien larga dende pies a la cabeza, y cuerpo y manos, no habiendo en ti cosa que no estuviese teñida con tu benditísima sangre, hecho carmesí resplandeciente y precioso: la cabeza con espinas, la faz con bofetadas, las manos con un par de clavos, los pies con uno muy cruel para ti, y para nosotros dulce; y lo demás del cuerpo con tantos azotes, que no sea cosa ligera de los contar. Quien, mirando a ti, amare a sí y no a ti, grande injuria te hace. Quien, viéndote tal, huyere de lo que a ti lo conforma, que es el padecer, no te debe perfectamente amar, pues no quiere ser a ti semejable. […]